Del Foro Diamantino García en el encuentro de Osuna.

El poder político ha claudicado ante el gran capital financiero

internacional. Los bancos y las grandes corporaciones han terminado por

adueñarse del mundo, estamos asistiendo a un secuestro de la soberanía

popular llevada a cabo por los mercados financieros, ejecutado con el

consentimiento y la complicidad de la mayoría de los partidos políticos.

 

Y si realmente quienes mandan ya son los mercados, si los gobiernos,

influidos por intereses ocultos y no transparentes, acatan las condiciones

impuestas por ellos bajo la amenaza de hundir las economías nacionales,

¿podemos llamar a esto democracia? ¿cómo va a ser democracia aquello

que nos viene impuesto por quienes no hemos elegido? 

 

Los gobiernos han perdido legitimidad, han traicionado sus programas

electorales y a sus votantes. Nos quieren hacer creer que la salida de la

crisis pasa por entregar miles de millones a la banca y la adopción de

medidas antisociales: recortes de salarios y pensiones, despidos,

desahucios, reducción de gastos sociales, privatizaciones,

desmantelamiento en fin de la sociedad del bienestar…. Nos quieren hacer

pagar la crisis que han generado los capitalistas, se han puesto al servicio de

sus intereses. No nos representan.  Se trata de la propia corrupción del sistema

democrático. La democracia es traicionada en nombre de ella misma. El que todavía

conste en el artículo 1.2 de la Constitución que la soberanía nacional reside

en el pueblo español es una burla.

 

Los partidos políticos ya no son expresión política de los ciudadanos sino

que se convierten en meras maquinarias electorales  sin identificación de

clase, vacías de programa y de contenido ideológico. En meras estructuras

burocráticas habilitadoras de políticas de desempleo, de reducción de

servicios y prestaciones sociales, de aumento de la desigualdad.

A la falta de credibilidad de los políticos contribuye además la corrupción

pública generalizada. Una corrupción que atraviesa  los tres Poderes del

Estado y llega hasta las más altas magistraturas del mismo. Financiaciones

irregulares, negocios turbios, sobornos, tráfico de influencias, despilfarro del

dinero público en obras faraónicas e inservibles, sueldos de escándalo, trato

de favor desde los poderes públicos a delincuentes convictos, desviación o

paralización de la acción de la Justicia sobre presuntos delincuentes, uso

torticero de los caudales públicos en beneficio de operaciones clientelares,

etc. 

 

Por todo ello, vemos necesario Rescatar la Democracia. Ya no se trata

de regenerar una democracia parlamentaria corrompida. Reclamamos una

Democracia Real que nos permita participar activamente y no en

apariencias; donde la voz de la ciudadanía se escuche y sea determinante

para llevar a cabo políticas a favor de la mayoría de la sociedad, donde los

políticos estén al servicio del Pueblo y no para servirse de él o para servir los

intereses de una minoría.

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