“El Papa se ha hecho él solo el haraquiri”

Divorciado desde hace mucho de la jerarquía de la Iglesia, el teólogo Juan José Tamayo declara sin tapujos que Benedicto XVI se equivocó de siglo. “Lejos de estar abierto a los desafíos de nuestro tiempo, dio respuestas del pasado a preguntas del presente”

 

Juan José Tamayo

 Lamenta la marcha atrás de la Iglesia y cree que el cardenal Ratzinger, el guionista de la obra que representó Juan Pablo II, ha sido fiel al guion que escribiera años atrás, sin desviarse un ápice. “Y si lo ha hecho, ha sido para virar hacia el integrismo. Efectivamente, todo lo que no se atenía a su programa restaurador era considerado relativismo y condenado: la teología de la liberación, la teología del pluralismo religioso, la teología feminista”, afirma Juan José Tamayo que acaba de publicar Invitación a la utopia (Editorial Trotta).

¿Comparte la tesis de que la renuncia se produce por la presión de una especie de ‘mafia clerical’?

El Papa ha dimitido porque no ha sido capaz en ocho años de sanear la situación de la Iglesia que padece numerosas patologías en el campo económico, en el terreno teológico y en el ámbito administrativo. Al verse impotente para hacer frente a estos graves problemas que tiene la Iglesia, sobre todo en la Curia, pero también en muchas diócesis, incluso entre los obispos, ha renunciado acuciado por la cantidad de dificultades que tenía sobre la mesa. Lo de las mafias, no lo sé porque se dice que él es víctima de la Curia pero él es su parte fundamental porque está en la cúpula.

¿Ha tenido voluntad de resolver esos problemas?

No sé si ha tenido voluntad pero no los ha resuelto. Y por eso no le ha quedado más remedio que dimitir. No puedo compartir esa tesis de pobrecillo, no ha resistido las presiones… Porque él ha ostentado el poder y cuando ha tenido que utilizarlo para oprimir a los teólogos, ha tenido toda la autoridad para censurar nuestros libros para expulsarnos de nuestras cátedras, imponernos silencio y lo ha hecho con contundencia. Y por eso, sorprende la firmeza con la que ha actuado durante 30 años en el terreno doctrinal en la Congregación para la Doctrina de la Fe y durante el Pontificado, y luego la debilidad y la falta de voluntad que ha demostrado para afrontar otros problemas que él conocía perfectamente.

¿Cree que los escándalos por los abusos sexuales han terminado por derrotarle?

Es que no se puede hablar de derrota. ¿Quién va a derrotar a un Papa que posee la infalibilidad?

Pero ha acabado tirando la toalla.

No ha habido ninguna derrota, sino que la realidad le ha ido comiendo terreno. No tenía otra salida. Es posible que haya querido resolver la pederastia, pero hay que tener en cuenta que él fue durante 23 años presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una institución por la que pasaban todas las denuncias sobre personas inmersas en ese comportamiento criminal, y más que tomar medidas y poner a los verdugos en manos de las autoridades judiciales, o aplicarles el Código de Derecho Canónico, lo que hizo fue ocultar documentos, imponer silencio a las víctimas y no reaccionar. El mismo se ha hecho el haraquiri porque ha tenido 31 años para resolver estos problemas.

Es usted muy duro.

Benedicto XVI era la persona mejor informada, más que el propio Juan Pablo II, de cuyo pontificado fue guionista, por lo tanto la responsabilidad le correspondía a él. Y sin embargo, no ha demostrado actuar con la mejor voluntad, con fe y con un gobierno que adoptase las medidas razonables.

¿Ni siquiera valora su dimisión como un gesto valiente?

Me merece mucho respeto y me parece que es una decisión personal a tener en cuenta. Y que, sin ninguna duda, no es que suponga un antes y un después en la Iglesia católica, pero sí que a partir de ahora los futuros papas tendrán que sopesar en qué medida su permanencia perjudica o beneficia a la Iglesia. Pero, en cualquier caso, la renuncia se ha producido porque no ha sido capaz de responder a los problemas de la Iglesia. Quizá lo ha intentado en el último momento pero ya era tarde. Y la prueba de que le ha faltado decisión en los años anteriores, bien como Papa o bien como prefecto de la Doctrina de la Fe, es que en estos últimos días está tomando unas medidas de cierta limpieza en algunos sectores de la Curia que son muy importantes y que eran muy necesarias.

¿Lo podía haber hecho antes?

No sé por qué no ha adoptado estas medidas anteriormente. Pero no ha cortado la cizaña a tiempo y en este momento en el Vaticano y su entorno hay más cizaña que trigo y la cizaña ha crecido de tal manera que ahora es muy difícil eliminarla.

¿Por qué tiene la Iglesia estos déficits que usted denuncia?

Porque no hay democracia, hay oscurantismo y una concepción totalmente absoluta del poder. Se impone el silencio. Hay un decreto recién aprobado que amenaza con excomulgar a cardenales que revelen secretos del cónclave y se comuniquen con el exterior. Esto es anacrónico. Y hace dudar de la coherencia de los planteamientos de la jerarquía eclesiástica.

¿Existe alguna posibilidad de que con el nuevo papado corran aires más frescos en la Iglesia?

Salvo que dejaran de gobernar los que están gobernando actualmente e interviniera el Espíritu Santo, lo veo improbable. Y no creo que ahora mismo el Espíritu Santo tenga ninguna función aquí. Más bien creo que la situación actual se caracteriza por un movimiento de hilos de diferentes sectores que, o bien quieren mantener el poder, o bien lo quieren controlar. Con la actual correlación de fuerzas, no se va a resolver nada. Como mucho se pueden hacer revoques de fachada y que cambie algo para que todo siga igual.

Espera un papado continuista.

Yo no espero nada porque no pongo mis esperanzas en la cúpula de la Iglesia ni en los cardenales. Ellos se representan a sí mismos y son la correa de transmisión del Papa que les eligió. Es gente de corriente neoconservadora e incluso integrista.

¿Qué opina de que asistan al cónclave cardenales non gratos como Mahoney?

Lo que me parece es que la elección de un Papa por parte de 115 personas desvinculadas de la comunidad cristiana, es totalmente anacrónico y un modo de elección medieval. Es gente que no tiene representación alguna de los 1.200 millones de católicos que hay en el mundo. El resultado para mí no tiene ninguna representatividad. Por eso quiénes puedan ser electores no es importante porque todos ellos están ubicados dentro del modelo romano de dominación. Que haya algunos cardenales acusados de pederastia que no pueden participar me parece muy bien. Lo que no me parece bien es que elijan al Papa de esa manera tan antidemocrática.

¿El nuevo Papa va a saber responder a las necesidades de ese millón largo de católicos?

Yo creo que los Príncipes de la Iglesia no están muy interesados en mirar hacia abajo ni en ser solidarios con los más vulnerables. Los príncipes hacen alianzas y establecen redes de solidaridad con las personas de su clase y rango. Por eso no creo que den respuesta a los grandes desafíos de nuestro tiempo. El primer desafío debía ser democratizar la Iglesia y si creyeran en ello, los 115 se negarían a encerrarse en ese cónclave y pondrían en marcha en sus diócesis, en el Vaticano y en toda la Iglesia, procesos de participación activa entre todos los creyentes.

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