EL OBISPO RAÚL VERA:

 

Pide acabar “con los privilegios de casta superior” del clero

“Los obispos se manejan como si fueran dueños del rebaño”

“Los gestos de Francisco no son innovación, sino Evangelio”

– La Iglesia en Latinoamérica se ha caracterizado por su interés en aplicar el Concilio.

-Roma pone trabas a las Iglesias locales para controlarlas, en un afán de uniformar a la Iglesia universal dentro un cliché cultural mediterráneo.

-Muchos hombres y mujeres han visto una Iglesia muy lejana de sus reivindicaciones, despreocupada de quienes sufren y necesitan su ayuda.

-El problema del clericalismo en la Iglesia ha llevado a los obispos a acumular privilegios y convertir nuestro estatus en una casta superior.

-Los obispos tenemos que hacer desaparecer el concepto principesco e imperial con el que nos manejamos como si fuéramos dueños del rebaño.

-Hace mucho que la Iglesia se ha puesto fuera de la Historia respecto a la situación de las mujeres.

-Los signos del Papa Francisco están rompiendo con paradigmas que llevan siglos en el papado.

-Los gestos comprometedores de Francisco no proviene de la voluntad innovadora de un Papa, sino del Evangelio.

-Quienes están instrumentalizando a la Iglesia para acumular poder serán la mayor resistencia que encontrará el Papa Francisco.

-Existen personas dentro de la estructura eclesiástica que viven agazapadas detrás de un vocabulario conciliar pero que se oponen al cambio.

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 Raul Vera,  es un obispo-profeta, de los que le gustan al nuevo Papa. Raúl Vera, titular de Saltillo (México), es un prelado incómodo para los poderes de este mundo. Tanto civiles como eclesiásticos. Porque, desde siempre, ha optado por la defensa de los más pobres. En esta entrevista exclusiva con RD, critica a los que “se manejan como dueños del

rebaño”, pide la supresión de los “privilegios” del clero y se muestra encantado con “los gestos de Francisco, que no son innovación, sino Evangelio”.

 

¿Conocía personalmente o de referencias al nuevo Papa?

Personalmente no le conozco. Tuve referencias de él en un Congreso Internacional sobre Pastoral Urbana. Ahí presentaron una experiencia de trabajo pastoral en Buenos Aires, donde él está involucrado. Se le describe como un obispo muy ligado al pueblo. La experiencia consiste en hacer misiones populares a través de una “carpa” colocada en el centro de una plaza muy popular, por la que pasa mucha gente, porque hay una central de transporte público, trenes y autobuses. Durante una semana esa “carpa” funciona como si fuera una parroquia donde se realizan actividades a las que los fieles tienen acceso. El Cardenal acudía a esa instalación para tener celebraciones y encuentros con los fieles que ahí se congregaban.

¿Su elección responde al clamor del pueblo de Dios que pide un cambio de rumbo en la Iglesia?

Los signos que está dando abren espacios a la esperanza en una Iglesia más acorde con los tiempos actuales y menos atada al pasado. Por supuesto que la Iglesia en Latinoamérica se ha caracterizado por su interés en aplicar el Concilio, así lo han expresado los obispos latinoamericanos y caribeños en los respectivos Documentos emanados de las cuatro Conferencias Generales convocadas por Pablo VI (Medellín), Juan Pablo II (Puebla y Santo Domingo) y Benedicto XVI (Aparecida), después de la realización del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Sin duda que para la elección de un obispo latinoamericano como Obispo de Roma, influyeron en el ánimo de los obispos, por ejemplo de África, de Asia o de América, presentes en el Cónclave, las trabas que vienen de Roma contra los cambios que requieren las Iglesias locales establecidas en países cuyas culturas no son coincidentes con la cultura mediterránea. Estas trabas que vienen de Roma, obedecen al afán de uniformar a la Iglesia universal, dentro un cliché cultural mediterráneo. Esta uniformidad cultural para la Iglesia, más que para animar a las Iglesias locales, es para intentar controlarlas.

Pienso que los obispos electores, que representan al Pueblo de Dios extendido por las distintas regiones del planeta, esperan del Obispo de Roma una apertura a la auténtica inculturación de la fe, en las diversas culturas en las que están viviendo los pueblos diseminados a lo largo de los cinco continentes.

¿Cuál es la clave que explica el hecho de que una institución “tocada” sea capaz de renacer y volver a ilusionar con la elección del Papa Francisco?

Creo que la clave proviene del continuo acrecentamiento de la conciencia de la propia dignidad que hoy caracteriza a diversos sectores sociales como las mujeres, los pueblos originarios, la comunidad homosexual, las obreras y los obreros, las y los jóvenes, etc. El hecho de sentir a un Papa cercano, a través de su lenguaje sencillo y directo, y a través de sus gestos, lo presenta a los ojos de estos sectores, como una persona muy humana y calurosa, preocupada por quienes sufren.

Hablo del signo de los tiempos del reconocimiento de la propia dignidad como fuente de esperanza en un renacer de la Iglesia, porque quienes no ven su dignidad respetada, han visto a una Iglesia muy lejana de sus reivindicaciones, despreocupada de quienes sufren y necesitan su ayuda. La mujer y el hombre de hoy, desde el reconocimiento de la propia dignidad, experimentan su derecho a tener una Iglesia que viva como Jesús vivió, atenta a la mujer y al hombre de cualquier condición, sin poner las barreras que son fruto de condenas morales y de prejuicios sociales. Mucho menos quieren ver a una Iglesia plegada al poder que aplasta su dignidad, ya se trate del poder económico o poder político. Y rechazan por igual los signos de poder que presenta en su propia estructura la Iglesia.

¿Llega con el encargo, al parecer de una amplísima mayoría del cónclave, de purificar, limpiar y cambiar?

Eso depende de los tópicos que hayan tocado en las Congregaciones de Cardenales previas al Cónclave y durante él. Es de suponer que muy bien pudieron haberse señalado asuntos de ese tipo, puesto que la renuncia del Papa Benedicto se dio en medio de irregularidades dentro del mismo Vaticano. La denuncia formal de Carlo María Vigano de las irregularidades que en la administración económica del Gobernatorato de Ciudad del Vaticano; el asunto de la fuga de Documentos de las Oficinas del Papa con información delicada, y la cuestión de las irregularidades del IOR. Y algo que es más que evidente, y que sin duda le pidieron al que habría de resultar elegido, debió ser que enfrentara el grave problema de la pederastia.

¿Será capaz o le dejarán limpiar y redimensionar la Curia romana?

A mí me gusta más el término “redimensionar” su equipo para su servicio pastoral a la Iglesia. Pensar en términos de Curia Romana es muy delicado, porque se quedaría atado en un esquema que definitivamente tiene que cambiar; ese paradigma ya quedó en el pasado. La Iglesia Universal después del Concilio tenía que haber revisado muy a fondo un modelo que resulta insuficiente para que el Obispo de Roma cumpla con su servicio Petrino de ser la cabeza del colegio episcopal, conformado hoy por un número muy grande de obispos, repartidos por distintos puntos del planeta, sirviendo, en números redondos a mil doscientos millones de fieles. Es imposible que preste adecuadamente su servicio con el reducido número de colaboradores concentrados en una Curia, que resulta muy llamativa y conmovedora por lo que ha representado esa institución por siglos, y que llama poderosamente la atención a los fieles y a los turistas, pero ya resulta materialmente imposible que el Papa pueda tomar -de manera adecuada- las decisiones que implican a tantos millones de fieles, con la ayuda de unas mediaciones que ya resultan raquíticas.

Me gusta el término redimensionar su Curia, entendida ésta como el equipo de personas que lo asiste para cumplir su servicio a la Iglesia Universal. Por eso esa Curia, así como sigue organizada, es la que se ha afanado en mantener la uniformidad cultural mediterránea por todas partes como un medio de control, imponiéndola y conservándola por todas las latitudes, incluyendo a Europa donde nació tal modelo, pero que ahí mismo no está funcionando.

Redimensionar la Curia significa que el sucesor de Pedro involucre, para consultar asuntos y tomar decisiones en la Iglesia, a las estructuras donde los obispos buscan fortalecer su colegialidad en las diversas regiones del mundo, a nivel Continental y Sub-Continental. El Papa debe entrar en relación directa con las organizaciones nacionales y trasnacionales en las que ya de por sí están asociados los Obispos del mundo, a partir del Concilio Vaticano II. Pienso en las Conferencias Episcopales de las distintas naciones y en organismos transnacionales como, por ejemplo, el Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM.

¿Cree, como empieza a decirse en algunos sectores católicos, que debería cerrar el IOR, banco vaticano, o, al menos, convertirlo en una banca ética?

El número de personas que la Iglesia debe atender, implica necesariamente transacciones financieras, sería absurdo que no contara con una institución en la cual apoyarse para atender esos aspectos; pero estoy de acuerdo que debe tener una regulación ética de parte del mismo Estado Vaticano, en donde esté presente el Pontificio Consejo de Justicia y Paz -se me ocurre-, para evitar los clásicos manejos abusivos y deshonestos del Capitalismo Neoliberal, que la misma Iglesia condena.

¿Cómo hacer realidad la colegialidad en la Iglesia: Sínodo revitalizado, mayor protagonismo de las Conferencias Episcopales…?

Ya hice una propuesta en una de las respuestas anteriores. Aquí solamente añadiría que precisamente a través de uno de los Sínodos, que debería ser el primero que el Papa Francisco convoque, con la colaboración de los Obispos del mundo ahí representados, pueda redimensionar su Curia. Que no le vayan a decir que solamente se conseguiría a partir de un Concilio, pues eso no es necesario. Es un asunto de la Colegialidad que ya lo trató el Concilio Vaticano II; no se necesita otro Concilio para aplicarlo.

¿Ha llegado el momento de activar, de una forma clara y decidida, la corresponsabilidad de los laicos en la Iglesia?

El Concilio Vaticano II también dejó bien claro este asunto, cuando habla de la común dignidad de las y los bautizados en la Iglesia, y cuando eligió el concepto de Pueblo de Dios para reflexionar sobre la identidad de la Iglesia en la Constitución Lumen Gentium. Creo que el asunto no va por la comprensión de la corresponsabilidad de los laicos, sino por el problema del clericalismo en la Iglesia de parte de los obispos y presbíteros, ese sí es un problema grave. Esto nos ha llevado a instrumentalizar nuestro ser sacerdotal para acumular privilegios y convertir nuestro estatus en la Iglesia y en la sociedad, en una casta superior. Aún entre nosotros los ministros ordenados, mantenemos en los hechos, como en la edad media, las diferencias entre el alto y el bajo clero.

Los signos que está dando el Papa en este momento van por ahí. Romper las barreras que hemos creado en la Iglesia para querer hacer evidentes unas diferencias creada por nosotros, que ni el Padre de los Cielos, ni Cristo, ni el Espíritu Santo, es decir, el mismo y único Dios, ha diseñado. Tenemos que hacer desaparecer el concepto principesco e imperial con el que nos manejamos quienes hemos accedido al orden sagrado. Actuamos de manera contraria a lo que San Pedro nos recomienda en su Primera Carta, esto es, que no nos comportemos como si fuéramos dueños del rebaño, y lo que es peor, el que nos sentimos los dueños de la Iglesia.

¿Ha llegado el momento de repensar el papel de la mujer en la Iglesia?

Hace mucho que nos pusimos fuera de la Historia; Juan XXIII decía que uno de los signos de los tiempos, ya en el periodo de la historia en que le correspondió ser Papa, era el lugar que la mujer tenía en la sociedad, como protagonista de la historia humana.

¿Ha llegado el momento de abrir la vía del celibato opcional?

Es mucho más urgente que en primer lugar desmontemos la mentalidad y los criterios clericalistas en la Iglesia. Yo no considero que poner el celibato como opcional sea lo que le vaya a dar coherencia a la vida sacerdotal. Cuando aceptamos la ordenación que lleva consigo el compromiso con el celibato, no lo hacemos en forma forzada, sino libremente. Una persona honesta es fiel en el matrimonio y en el sacerdocio. En cambio, aceptar un compromiso de ese tipo, pensando en que vamos a ser patronos y señores, nos lleva a violar la dignidad de la mujer, sea soltera, casada, mayor o menor de edad, porque desde una mentalidad de seres superiores, violamos los derechos de la mujer, de los niños y faltamos a nuestras obligaciones de todo tipo.

¿Los ilusionantes gestos del Papa Francisco se quedarán en meros signos cosméticos?

De ninguna manera creo que sea así. En esos signos el Santo Padre rompe con paradigmas que llevan siglos en el papado. Conoce el tamaño del compromiso que aceptó en el contexto actual de la historia humana, y con sus gestos está anunciando la manera en la que desea ponerse al servicio de la Iglesia y del mundo de hoy. Esto convierte en muy comprometedores sus gestos, porque la autoridad que ellos tienen no proviene de la voluntad innovadora de un Papa, sino del Evangelio.

¿Teme que no le dejen implementar todos los cambios que quisiese?

La autoridad para implementar los cambios le vendrá del Pueblo de Dios, en donde está hablando el Espíritu Santo por medio del entusiasmo que suscitan sus gestos y palabras. Claramente el pueblo lee en estos signos, la decisión que el Papa tiene de pugnar por una Iglesia más cercana al Evangelio.

Hago referencia al apoyo que Francisco está encontrando en el Pueblo de Dios cuando se me pregunta si lo van a dejar realizar los cambios que anuncian sus gestos, porque los detractores de Jesús, cuando intentaban detenerlo, no lo hacían, ya que le tenían miedo al pueblo.

Pero hay una cuestión fundamental en cuanto a los signos que el Papa está mostrando, y que parecen ser posturas inéditas de un obispo. Es un error leer de esta manera las cosas, pues lo único que está haciendo es asumir lo que los Padres Conciliares aprobaron en el Vaticano II y el Papa Paulo VI firmó y publicó en cada uno de los Documentos Conciliares.

¿En qué sectores o movimientos se va a encontrar con las mayores resistencias al cambio el Papa Francisco?

En el sector de quienes están instrumentalizando a la Iglesia para acumular poder, del tipo que sea. Esas personas que buscan poder están dentro y fuera de las estructuras eclesiásticas. Quienes están dentro de las estructuras eclesiásticas, son personas cuyo ministerio lo realizan apegadas a criterios de poder al estilo del mundo. En cambio existen otras personas que no pertenecen a las estructuras eclesiásticas, pero les interesan las alianzas con la Iglesia para acumular cuotas de poder.

Si el Papa Francisco viene con actitudes de servicio, dando signos de austeridad, y hablando de una Iglesia pobre, ya me imagino lo chocante que les resulte su persona a quienes consideran que tener un puesto importante en la Iglesia, significa ingresar a una élite religiosa, social, económica y política. Lo mismo puede suceder con quienes forman parte de los grupos poderosos del mundo, que necesitan de aliada a la Iglesia para conservar sus intereses.

¿Esa época de ilusión no le recuerda a la vivida en el postconcilio?

Yo creo que en el posconcilio había toda una esperanza abierta sin límites al futuro. Nadie creíamos que los detractores del Concilio, representados en ese momento por el grupo emblemático que seguía a Monseñor Lefevre, tuvieran alguna posibilidad de éxito.

En cambio ahora ya sabemos que los detractores del Concilio Vaticano II, son personas que se confiesan católicas y que no manifiestan abiertamente su desacuerdo con la renovación conciliar, pero desde dentro de las estructuras eclesiásticas se oponen al cambio. Decía el hoy Beato Juan Pablo II, que vivir y actuar la renovación conciliar implica un cambio de mentalidad. El problema con el que se encontrará el Papa Francisco para actuar la continuación de la renovación conciliar, consiste en que existen personas dentro de la estructura eclesiástica, que viven agazapadas detrás de un vocabulario conciliar, pero eso no quiere decir que los significados conceptuales, los criterios, las actitudes, y las opciones que propone el Concilio Vaticano II, hayan sido asumidas. Esto marca una diferencia grande con lo que se vivía en el posconcilio, porque las personas de quienes hablo, no solamente se han resistido a aplicar el Concilio, sino que están actuado abiertamente para frenar la renovación de la Iglesia.

¿Latinoamérica está de enhorabuena y se le reconoce su enorme aportación a la Iglesia universal?

La enhorabuena es también para la Iglesia toda, porque no cabe duda, y lo digo sin petulancias, que la Iglesia latinoamericana y caribeña, ha perseverado en su búsqueda por vivir y aplicar el Concilio Vaticano II, por medio de las Conferencias Generales del Episcopado a partir de Medellín. Ese Sub-Continente ofrece a la Iglesia Universal en estos momentos una rica reflexión teológica a partir de los pobres, que ya es un tesoro que pertenece a la Iglesia Universal. Esta reflexión está ligada a una práctica pastoral generosa, en la que se ha derramado ya mucha sangre de testigos (mártires) de la fe. En este ambiente se ha formado el Papa Francisco y estamos contentos de ofrecer ahora un Obispo de Roma, sucesor de Pedro, a toda la Iglesia.

 José Manuel Vidal, 19 de abril de 2013 a las 19:30

 

 

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