Francisco vuelve a defender el marxismo: “No lo soy, pero no me ofende que me lo llamen”

No es la primera vez que sale en defensa del marxismo: hace dos meses dijo que el comunismo le había ayudado a acercarse a la doctrina social de la Iglesia.

El papa Francisco asegura que no es marxista, aunque dice que no se siente ofendido cuando se lo llaman, en una entrevista publicada por el diario italiano “La Stampa” en la que muestra su preocupación por “la tragedia del hambre en el mundo”. “La ideología marxista está equivocada, pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenas personas, por eso no me siento ofendido”, reconoce el obispo de Roma.

Hace dos meses ya avaló el comunismo
No es la primera vez que sale en defensa del marxismo, el pasado mes de octubre, en una entrevista al diario La Reppublica aseguró que el comunismo le había ayudado a acercarse a la doctrina social de la Iglesia.

Diálogo con otras religiones
Se trata de una entrevista centrada en la Navidad en la que reflexiona también sobre asuntos como el hambre en el mundo, la infancia, el diálogo con otras religiones, el futuro de la iglesia o la economía. Francisco refirma que la mujer en la Iglesia tiene que ser “valorada, no clericalizada” y mantiene que la reforma del Ior, el banco vaticano, “va por el camino justo”, apoyándose en los últimos informes positivos del Moneyval, el mecanismo de control financiero del Consejo de Europa.

Su primera preocupación, el hambre
Pero para el papa, la mayor preocupación es “la tragedia del hambre en el mundo” que, en su opinión, tiene solución con la cooperación de todos, por lo que exhorta a “dar de comer a los hambrientos”. En este sentido, Francisco asegura que con los alimentos desperdiciados cada día se podría dar de comer a muchísimas personas y hacer que los niños que lloran de hambre dejen de hacerlo.

“El otro día, en la audiencia del miércoles, había una madre joven con su niño de pocos meses. Cuando pasé a su lado el niño estaba llorando. Yo la dije que creía que el pequeño tenía hambre y ella me respondió que sí. Yo entonces la repliqué: ¡pues amamántalo, por favor!”, recordó el papa. El pontífice explica que esta anécdota es un ejemplo de lo que le gustaría decir a la Humanidad: “¡Dad de comer a los hambrientos”. “En el mundo tenemos suficiente comida para acabar con el hambre. Si trabajamos con la asociaciones humanitarias y nos ponemos de acuerdo en no desperdiciar comida, haciéndole llegar comida quien la necesita, habremos contribuido a resolver la tragedia del hambre en el mundo”, propone durante la entrevista.

Bergoglio vuelve a mostrar su preocupación por los más débiles, en concreto hacia los niños, y explica que durante sus oraciones pregunta a Dios “¿por qué sufren?”.

La economía “mata” a los pobres
Además, el obispo de Roma vuelve a hablar de la economía, que tanto ha criticado durante estos primeros meses de pontificado y que, a su juicio, “mata”. “Cuando hablo de economía no hablo desde el punto de vista técnico. Había la promesa de que cuando el vaso rebosara los pobres se favorecerían, pero sucede a menudo que cuando el vaso está lleno, de pronto se hace grande y su contenido nunca llega a los más necesitados”, critica.

Reparto de tarjetas telefónicas y billetes de transporte
La entrevista se hace pública justo después de saltar a la opinión pública su iniciativa de repartir tarjetas telefónicas y billetes para el transporte público a las familias más necesitadas deRoma, un obsequio que se distribuirá en un sobre sellado por la Santa Sede para felicitarles la navidad, según informó el Vaticano en un comunicado. El papa Francisco ha ordenado a su limosnero, el obispo polaco Konrad Krajewski, repartir “en su nombre”, un pequeño obsequio que “pueda ser de utilidad” para los más necesitados de Roma.

Se trata de 2.000 sobres que incluirán una tarjeta telefónica y un billete para el metro de la capital italiana de 24 horas de duración, además de una imagen firmada por Francisco. El sobre, según ha explicado el Vaticano, estará ya sellado por la propia Santa Sede para facilitar su envío y será repartido por los voluntarios que asisten de noche o por el propio limosnero en comedores sociales y en los conventos de las Hermanas de Madre Teresa de la ciudad.

Ya lo hizo con los inmigrantes de Lampedusa
No es la primera vez que el papa Francisco ordena una labor similar a Krajewski. El pasado 11 de octubre, Bergoglio ordenó repartir tarjetas telefónicas entre los inmigrantes de la isla meridional italiana de Lampedusa para que “pudieran llamar a sus familiares”, una semana después del naufragio en el que perdieron la vida 366 inmigrantes somalíes y eritreos.

El Papa Francisco, con sus hechos, está demostrando que se pueden hacer las cosas de otra manera.

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