Movimientos sociales y compromiso cristiano Luis Pernía

 

Hacer grietas en sistema

Despertar de conciencias, nuevo rumbo, otro mundo es posible, podemos…puede ser la definición de los movimientos sociales.  No lo sé. La crisis puede conducirnos a un mayor nivel de solidaridad o puede encerrarnos en un egoísmo más irresponsable (el “sálvese quien pueda”). De hecho, preocupados por nuestra crisis, estamos ya olvidando todavía más a los países del hambre y la desnutrición. Tampoco hemos de excluir que una crisis prolongada genere rabia, ira y violencia con graves consecuencias para la cohesión social. Sin embargo, la crisis puede ayudarnos mucho a revisar y transformar ciertos modelos de vida. Por ejemplo, necesitamos redefinir nuestro modelo de bienestar: ¿qué bienestar?, ¿para quienes?, ¿con qué costos humanos?, ¿con qué víctimas?… Necesitamos abandonar nuestra idolatría del dinero y aprender a usarlo con criterios más humanos: ¿qué hacer con nuestro dinero?, ¿para qué ahorrar?, ¿con quiénes distribuir?…  el escenario actual es en gran parte el resultado del resquebrajamiento del  contrato social que ha regulado nuestras vidas en las últimas décadas y en el que cabe destacar muy especialmente un desplazamiento del poder de lo político hacia lo financiero;  en un contexto de deterioro socioeconómico y de crisis institucional, los movimientos sociales actuales, tanto a nivel global como en la realidad española, se han erigido en un actor clave, caracterizándose por su funcionamiento en red y por su demanda de mayor democracia y justicia social.

Y ¿qué podemos decir de los movimientos sociales? Primero, una pincelada negra

      La invisibilización, criminalización y acoso que han ido sufriendo los distintos movimientos sociales que han ido surgiendo como respuesta al corrupto, asfixiante e injusto cambio de modelo que las oligarquías están ejecutando.  La invisibilización de su existencia, posible gracias al monopolio mediático que sustenta la derecha, seguida de un brutal proceso de criminalización, desprestigio y difamación de la imagen, para acabar en un brutal acoso policial, económico y psicológico… Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), las Mareas Blanca (sanidad), verde (educación), violeta (feminismo), Plataforma de barrios ignorados, Iniciativa popular contra el Tarifazo del Agua. Hace poco un representante de la PAH recordaba las ya tristemente célebres multas de hasta 1.500 euros que en Madrid y Barcelona que se están aplicando a quien tome parte de un escrache o cualquier otra acción para denunciar la escandalosa estafa de los bancos, sin olvidar los apelativos de “nazis” o “etarras” que el PP ha aplicado alegremente a cualquier víctima de su estafa hipotecaria que se atreva a pedir justicia. Casos como el de Henar Valdivieso, la supervisora que, tras llevar más de 40 años trabajando como enfermera en el hospital de La Princesa, fue destituida por participar activamente en las ‘mareas blancas’.  Desde la difamación personal, pasando por las multas o incluso la cárcel en régimen FIES durante dos meses que sufrió Alfon (joven detenido en la huelga del 14-N), sin olvidar la muerte de personas inocentes como Iñigo Cabacas (muerto por un disparo de la Ertzaintza) o la mutilación que la policía aplica alegremente escondiéndose tras el poder que les ampara (caso de Esther Quintana que sigue luchando porque los mossos reconozcan que dispararon y le saltaron un ojo), la injusta criminalización y desmanes del poder recuperan la peor tradición franquista. “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.” (Albert Einstein) 

 

Por eso, por el terrible y altísimo precio que esas y esos luchadores por nuestra libertad están pagando, creo importante decirles que están triunfando, que están ganando la guerra aunque pierdan muchas batallas. Y, sobre todo, recordar algo que la maquinaria propagandística capitalista hace enormes esfuerzos por ocultar: el sistema capitalista está agonizando, se muere, se derrumba. Y ya se empiezan a ver las primeras grietas.

Pero no podemos quedarnos en los tintes oscuros. Los movimientos sociales son una luminosa esperanza, que hace recordar aquella promesa de Jesús de Nazaret, de que no nos abandonaría, y que su Espíritu nos acompañaría siempre. En realidad los movimientos sociales son puras propuestas canalizadas desde grupos diversos de ciudadanos

 Estas propuestas giran en torno a cinco grandes ejes: 1) aquellas que tratan de hacer frente a la crisis de la representatividad; 2) las que buscan hacer frente a la deuda y el déficit fiscal; 3) algunas propuestas para abordar la preocupante mercantilización de la vida cotidiana que se está produciendo; 4) las que están relacionadas con el mundo del trabajo, y 5) aquellas centradas en la crisis ecológica y de los cuidados. Efectivamente:

 

1. Frente a la crisis de la representatividad y la «democracia de baja intensidad»: la apuesta por la participación ciudadana y la democracia radical

La crisis financiera, además de las terribles consecuencias, que está generando sobre la población, está contribuyendo a socavar los mismos cimientos de la democracia. Como ya se ha señalado, existe una creciente asimetría entre una política todavía circunscrita al ámbito del Estado-nación y un sistema económico globalizado que a su vez se ha convertido en una amenaza a la soberanía de los estados, constituyendo de facto una «mercadocracia”. Y ¿Cual es la consecuencia de esto? La desigualdad.  Decir que un país es muy desigual nos permite ya predecir qué otros indicadores estarán presentes. Alta desigualdad quiere decir gran concentración de la riqueza, lo cual quiere decir gran influencia política de los más ricos sobre el Estado y la vida política, lo cual quiere decir políticas fiscales muy poco progresivas y muy regresivas, lo cual quiere decir unos ingresos al Estado muy pobres. Esto es lo que pasa en España, y en mucho mayor tamaño y dimensiones es también lo que pasa en Brasil y en la mayoría de países de América Latina. Visto lo cual no que otro camino que la participación ciudadana y la democracia real o radical.

2. Frente a la deuda y el déficit fiscal: la apuesta por las auditorías ciudadanas de la deuda y una fiscalidad justa

La crisis financiera se ha visto acompañada de discursos que la interpretaban como una suerte de fenómeno inevitable y que habría tenido lugar, entre otras cosas, porque se había «vivido por encima de nuestras posibilidades». Este tipo de afirmaciones están especialmente presentes cuando se defiende la ortodoxia presupuestaria a la vez que, frecuentemente, y en nombre de la competitividad y la eficiencia, se afirma que «no hay alternativa» a los recortes en el gasto social. Frente a esta visión, queremos detenernos en las propuestas que desde diferentes instancias se vienen realizando sobre dos ámbitos económicos: la deuda y la fiscalidad. No es de recibo cambiar la Constitución de la noche a la mañana para que el Estado se atenga a pagar primero las deudas privadas que los compromisos sociales. No es de recibo que nos trataran de ignorantes cuando decíamos que en 2007 España tenía 20.000 millones de euros de superálvit (es decir, más ingresos que gastos) y en 2011 el déficit era de 47.000 millones (es decir, más gastos que ingresos)  

3. Frente a la mercantilización de la vida cotidiana: los bienes comunes y la soberanía alimentaria. Con la gestión de los bienes comunes o procomún se alude a aquellos sistemas sociales y jurídicos que facilitan la gestión compartida y la administración de un bien de acceso universal y que pertenece o es de usufructo gestionado de forma colectiva. Más allá de su régimen de propiedad, el bien común debe ser entendido sobre todo en términos relacionales. Así, un recurso es un «bien común», mientras la gente se siente vinculada a él tanto por poder hacer uso de su patrimonio como por estar interesado en su conservación y/o ampliación, con lo que al llamar «común» a un recurso compartido se destaca que sobre estos bienes descansa una idea de inalienabilidad. Un ejemplo es la Iniciativa ciudadana contra el tarifazo del agua.

 Junto a los bienes comunes, otra propuesta para frenar el proceso de dependencia del mercado en un sector estratégico como la alimentación es la soberanía alimentaria. Desde la soberanía alimentaria se apuesta por la producción y el consumo local frente a las importaciones; las explotaciones campesinas y familiares; se intenta asegurar precios justos para los campesinos a través de alianzas entre productores y consumidores; se busca garantizar el acceso a la tierra, al agua, a los bosques y otros recursos productivos; y se favorece la inversión pública para fomentar la actividad productiva familiar y comunitaria.

 

4. Repensar el trabajo: repartir el salario y el empleo, la renta básica y el reconocimiento de los trabajos invisibilizados

4.1. Una revisión profunda de las relaciones salariales En la actualidad el salario mínimo interprofesional español asciende a 645 € al mes, lejos de los 1.425 € que presenta el salario mínimo francés. Un dato, además, que adquiere otro significado si se contrasta con las diferencias salariales existentes en el interior de las empresas.

Según un estudio de la federación Europea de Empleadores, España era el cuarto país europeo con mayor brecha salarial, solo por detrás de Rumanía, Ucrania y Rusia. Se hace necesaria, por lo tanto, una revisión al alza del salario mínimo

4.2. Reparto del empleo a través de la reducción de la jornada laboral. Desde algunas instancias sociales se apunta la posibilidad de establecer una jornada semanal de 21 horas con el fin de favorecer la justicia social, liberar tiempo para la realización de actividades creativas y relacionadas con el ámbito de los cuidados y reducir el consumo de recursos materiales.

4.3. Una apuesta decidida por el cooperativismo y la economía social .La cooperativas cuentan con una mayor democracia interna y participación de los trabajadores en las decisiones que afecten a la empresa, se rigen por principios de democracia interna y transparencia y cuentan con menor brecha salarial. Además este tipo de empresas han destruido menos empleo durante la crisis, debido a su capacidad de adaptación y flexibilidad en circunstancias adversas.

4.4. Establecimiento de una renta básica de ciudadanía Otra propuesta que está generando cada vez más eco es el establecimiento de una renta básica de ciudadanía. La renta básica puede ser definida como «el reconocimiento como derecho de todo ciudadano a percibir una cantidad periódica que cubra, al menos, las necesidades vitales sin que por ello deba contraprestación alguna». Según Daniel Raventós, el establecimiento de esta medida en una situación de crisis permitiría afrontar de forma menos angustiosa la pérdida involuntaria del empleo y la situación de gran inseguridad económica y vital que genera, además de ayudar a mitigar la pobreza y a ser un elemento de protección para no caer en ella.

44.5. Reconocimiento de todo el trabajo: remunerado y no remunerado

Finalmente, se hace necesario el reconocimiento de todo el trabajo tanto remunerado como no remunerado, reconociendo el valor social y la riqueza que generan muchos trabajos que se dan más allá de la esfera mercantilizada. En el marco capitalista normalmente se equipara el concepto de valor al de precio y, consecuentemente, desde esta visión solo tiene valor económico aquello que puede expresarse en términos monetarios. Ejemplo: el trabajo de la mujer en la casa.

5. Advertir de la crisis ecológica, crítica productivista y algunas alternativas. La producción no se liga a la satisfacción de necesidades humanas sino a incrementar agregados monetarios que produzcan beneficios a corto plazo sin tener en consideración los elementos de destrucción que pueden llevar aparejados Así, se parte de una falsa premisa: el crecimiento sin límites es posible.  Hay unos  límites  de la tierra, que es un  sistema cerrado y necesita de regeneración constante.  De ahí que cada vez más voces critiquen el productivismo y el crecimiento ilimitado porque, además, crea la sensación de que todo se puede fabricar infinitamente mientras el deterioro ecológico se hace cada vez más patente. Frente a esta visión una de las nociones que mayor debate han generado dentro de los movimientos sociales es la del decrecimiento. Más que un paradigma definido o una teoría económica, el decrecimiento es una noción provocadora que cuestiona la lógica productivista del sistema y propone un cambio cultural: romper con la idea de que más es siempre mejor, y que  la felicidad de las personas no depende de su mayor renta y consumo. Desde esta corriente, se considera que las sociedades enriquecidas deben reorientar de forma progresiva el modelo productivo hacia la sobriedad y la adecuación con los límites ecológicos del planeta, a la vez que se invita a la participación y creación de iniciativas comunitarias que promuevan este cambio.

Ante todo esto, ¿qué hacer?  En esta tarea son imprescindibles manifestaciones de contrapoder (concepto del marxismo autonomista que hay que ir desempolvando para recuperar sus tres componentes teóricos específicos, tan presentes en estos movimientos sociales: resistenciainsurrección y poder constituyente).

 Y sin duda, la compasión activa y solidaria. Hemos de escuchar hasta el fondo la llamada de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Desde el poder económico todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se pretende salir de la crisis como si no hubiera dolientes de ninguna clase. Hemos de reaccionar. No podemos vivir estos tiempos de crisis como espectadores del sufrimiento de los demás. La compasión que Jesús quiere introducir en la historia reclama una manera nueva de relacionarnos con el sufrimiento injusto que hay en el mundo. Más allá de llamamientos morales o religiosos se nos está exigiendo que la compasión penetre más y más en los fundamentos de la convivencia humana para rescatar a los perdedores y excluidos de la desesperación y el olvido.

“Luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación.” Che Guevara 

“Sólo los peces muertos nadan con la corriente.” (Anónimo) 

Me gustaría que hoy nos llevásemos a casa esa idea de causar y ser  “grietas del sistema”, pero es algo que llevo pensando hace años, algo que he vivido en carne propia: a las disidencias del sistema capitalista, a las rarezas, a los “estorbos” de su plan neoliberal, la única salida que nos queda para superar la invisibilidad, para poder escapar a su cárcel, para burlar sus mecanismos de control, es encontrar las grietas del sistema.  “No puede volver a dormir tranquilo, aquel que una vez abrió los ojos.” (Mayo francés del ’68) 

Pero este sistema está en decadencia. Es como una vieja presa que lleva años conteniendo las aguas de la sociedad libre (algo que no interesa a los oligarcas, los especuladores que necesitan sociedades inestables para especular con algo que hoy vale 200 y mañana 5 y pasado 20.000) y las grietas empiezan a dejar escapar a sus aguas prisioneras, gestionadas para producir beneficios a unos pocos dueños de los embalses.

Y esas grietas, que evidencian, que la presa no es tan maravillosa como nos quieren vender, son los movimientos sociales. Ellos señalan, descubren, se convierten en las grietas del sistema capitalista neoliberal.

Algún día por esas grietas se liberarán hectolitros de humanidad sin cadenas. Aguas felices que fluirán como antes de que la especulación capitalista las encerrase en presas, les dictase la corriente, las obligase a pudrirse sin oxígeno, sin llegar a ese feliz mar, al que las aguas van a morir.

Bertol Brecht

LOS TIEMPOS SOMBRÍOS, recordaba Anna Arendt, quizá pensando en Rosa Luxemburgo, no sólo no son nuevos, ni constituyen una rareza en la historia… aún en tiempos más sombríos tenemos el derecho a esperar alguna iluminación y tal iluminación puede provenir, menos de la teoría y conceptos, y más de la luz incierta, oscilante y frecuentemente débil que algunos hombres y mujeres, en sus vidas y en sus obras, harán brillar en casi todas las circunstancias, e irradiarán por el tiempo que les fue dado en la Tierra…”

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