“Gestos”. Deme Orte, miembro de MOCEOP, CCP y REDES CRISTIANAS

Papa Francisco3
Fuente: MOCEOP

El reciente viaje del Papa Francisco a Oriente Próximo ha dejado, además de palabras, unos gestos llenos de significado. El lenguaje simbólico de estos gestos transmite más que discursos enteros.

-El hecho mismo de un viaje así a lugares tan conflictivos es un gesto de valentía y de ir a proclamar y reclamar la paz en el lugar mismo del conflicto, pisando Cisjordania, Jerusalén, la explanada de las Mezquitas, Belén. “Ya es hora de poner fin a esta situación”. “Ha llegado el momento de reconocer el derecho de los dos Estados a existir”. ”Construir la paz puede ser difícil, pero vivir sin paz es un sufrimiento”
– Alabar en Jordania su generosa acogida de millones de refugiados desde hace tiempo de Irak, ahora de Siria y siempre de Palestina es reconocer el derecho de asilo más allá de ideologías y religiones.

-Hacerse acompañar en el viaje por dos líderes como el rabino Abraham Skorka y el Director del Instituto para el Diálogo Religioso de Buenos Aires, Omar Abbud, y la representación gráfica del abrazo en piña de los tres, es un llamamiento al diálogo interreligioso y la aportación común a la paz. “La paz no se puede comprar. No se vende”.
-La oración ante el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (“Ciudad de la paz”), pero particularmente su parada para orar ente el otro muro, el construido por Israel separando territorios palestinos, y ante la inscripción “Palestina Libre” es una denuncia de ese y todos los muros de vergüenza que se construyen (Ceuta, Melilla, México-USA…)

-La invitación a los líderes palestinos e israelíes a ir a “su casa” a orar por la paz, ofreciendo así una posible mediación para superar el conflicto, es un paso constructivo de la paz, valiente y respetuoso a la vez.
-La rueda de prensa en el avión en viaje de vuelta, distendido y campechano, ha transcendido más por su expresión de apertura a la cuestión del celibato de los curas (“No es un dogma; la puerta está siempre abierta”). Tanto que algunas personas me lo han resumido: “el Papa ha resuelto lo vuestro; ya ha dado permiso para casaros”. No es para tanto, ni falta que hace. No espero del Papa permiso para casarme (ya lo estoy sin su permiso). Pero sí es un paso significativo su expresión, no por nueva, que ya lo dijo un cardenal hace poco y lo venimos diciendo en Moceop hace treinta años. No espero del Papa un cambio inmediato, pero sí me alegra su apertura.

-Pero incluso más que eso sobre el celibato, me pareció importante su referencia a los jóvenes en paro (en Italia un 40%, en España un 50; en Andalucía un 60), y su referencia a la generación “ni-ni”, jóvenes que ni estudian ni trabajan. Su sensibilidad con respecto a los problemas sociales (recordemos la “vergüenza” de Lampedusa) y su postura crítica con el capitalismo y el neoliberalismo (“una economía que excluye y mata”), me parecen más importantes que los asuntos internos de la Iglesia, aun con serlo mucho (también habló de “tolerancia cero” con los abusos sexuales).

– Se despidió del pasaje pidiendo “recen por mí”, como empezó su pontificado.
“Son gestos” – hay quien dice como descalificando. Pero son gestos con contenido, con doctrina (ahí está “La alegría del Evangelio”), y con compromiso, de denuncia (de la hipocresía del mundo rico) y de esperanza para los pobres; de cercanía con los débiles (el lavatorio del jueves santo, el abrazo a discapacitados); de testimonio de austeridad personal…Los gestos hablan y hacen. No esperemos que el Papa lo haga todo. Ya es mucho lo que está haciendo.

Es cierto que falta mucho, que hay que cambiar las estructuras, que hay gestos contradictorios, como las beatificaciones y canonizaciones, la reciente excomunión de la presidenta del Movimiento Somos Iglesia en Austria por parte de su Obispo, la mantenida dureza “poco franciscana” del Cardenal Müller con las monjas norteamericanas, la existencia misma del Vaticano como Estado, etc. Es normal que haya resistencia al cambio en una estructura tan arcaica, clerical y vertical. Pero tengamos esperanza, apoyemos al Papa en su vuelta al Evangelio y hagamos lo que nos toca a cada persona y colectivo donde está. No esperemos que los cambios vengan dados desde arriba; empujémoslos desde abajo, también con “gestos” de denuncia, de esperanza, de compromiso, de renovación. “Muchos construyen la paz día a día con pequeños gestos”.

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