Julio Pinillos, cura, casado y padre, triple historia de amor para renovar la Iglesia. Rafael J. Álvarez

Julio Pinillos1
Fuente: El Mundo

‘Estoy casado con Dios, mi mujer y mi comunidad’
Ahí dentro, en medio del amor del grupo, el padre Julio toma el pan y el vino de Cristo y se los pasa a sus iguales como una alianza nueva y eterna derramada por todos para el perdón de los pecados. Dios anda por ahí. Y un par de parados. Y una señora deshauciada. Y gente con el sueldo al borde del mes. Y algún cura. Y también Emilia, que entró de soldadora en aquella fábrica y hoy escribe libros para cambiar el mundo. Emilia, la esposa de Julio. «Yo estoy casado con Dios, con mi mujer y con mi comunidad. Y procuro serles fiel cada día. Y cuando celebro la eucaristía celebro el gozo del Evangelio con un pueblo que se lo cree».

Es Julio Pinillos. Ex obrero de Ericsson, sindicalista, profesor jubilado, sacerdote, casado y padre de tres hijas. El padre Julio. Bienvenidos a la cena del Señor…

Hace una semana, en el vuelo que le llevaba de Tel Aviv a Roma, el Papa trajo a los titulares de medio mundo la opción de que la Iglesia católica rompa la obligatoriedad del celibato de los curas. «Al no ser dogma de fe, siempre está la puerta abierta», dijo Francisco en el avión, a miles de pies del suelo, cerca del cielo.

Veintiséis mujeres de curas italianos le acababan de pedir libertad y varias parroquias madrileñas ya estaban firmando una carta que le van a enviar solicitándole reflexión, la primera vez que miembros tradicionales de la Iglesia española levantan la mano para hablar de dos amores.

Curas casados: 100.000 en el mundo, 6.500 en España. Hombres con dos vocaciones, dos pasiones, gente empujada a elegir. «Yo no quería reconocer que estaba enamorado porque tenía que dejar de ser cura. ¿Y qué vocación no era la auténtica?».

Julio Pinillos recuerda aquel choque de sus convulsiones, aquel desorden de espíritu y de química que le revoloteó el estómago cuando, ya enamorado de Dios, conoció a Emilia Robles en la fábrica donde trabajaban los dos. Él en los relés y ella en las soldaduras. Era 1973. «Un día, yo, que estaba interesada en la lucha por mejorar las condiciones del trabajo, me acerco a un grupo y veo a un tío con bata azul que se está dirigiendo a la gente: ‘Compañeros…’. Era él».

Él es Julio Pinillos, uno de los primeros sacerdotes casados en España, uno de los fundadores del Moceop (Movimiento Pro Celibato Opcional) y uno de los curas que se negó a secularizarse. «Para eso tenías que ir a un psicólogo que te dijera que no estabas maduro. Así que no pasé por ahí. No fue un desafío, fue una objeción de conciencia».

Estamos en casa de Julio y de Emilia, el techo donde crecieron sus tres hijas y tantas cosas. Hablan de Dios, de la Iglesia, de la comunidad, de los desheredados y de Mercadona, que faltan cosas en la nevera.
Ruptura de tabúes

Se casaron en 1977 en la capilla de un colegio ante amigos y 20 curas que les abrigaron. «No hubo eucaristía para no infringir ni comprometer a los curas que habían venido».

Emilia y Julio, que rompieron tabúes en la Transición, nunca han abandonado el lenguaje del acuerdo, el anhelo de consenso. «Siempre quisimos estar en comunión con el obispo, con la parroquia y con el barrio. El obispo Iniesta nos dijo que no forzáramos la conciencia de las comunidades, que camináramos con ellas y que tuviéramos paciencia histórica, que alguien tenía que empezar el camino», dice Emilia.

Julio ya estaba casado cuando su comunidad le empezó a pedir, alguna vez, la celebración de la eucaristía. «Yo vivía con ellos la fe, la vida del barrio… todo. Y algunas veces, en la densidad de la oración y lo compartido, la cena del Señor. Es caminar juntos hacia la utopía».

La eucaristía, la consagración del pan y del vino, la comunión en comunión… «Cuando la comunidad y yo lo sentimos, en ese momento profundo, es cuando la cena del Señor tiene significado. Y así la sentimos, como una celebración significativa del sacramento y de la Palabra».

El cura Julio pasó por parroquias que sí y por parroquias que no, grupos que le aceptaban como casado y otros que le respetaban pero no le consideraban tan cura. «Siempre he hecho lo que las comunidades han querido de mí. Yo no estoy aquí para batallar, sino para hacer comunidad en fraternidad». Y ahí sigue, en una parroquia de Vallecas, fraternizando.
‘Camino abierto’

Casarse y seguir siendo cura, una contradicción de la Historia pero no del Evangelio para Pinillos y tantos Pinillos del mundo. «Nada dice la Biblia en contra, Jesús eligió como apóstoles a casados, la teología deja el camino abierto, las comunidades aceptan sacerdotes tanto casados como célibes y sólo les piden que sepan a Evangelio. El celibato no es un dogma, es una cosa secundaria, de la que el mundo se acabará riendo».

Pinillos fue presidente de la Federación Internacional de Curas Casados, la voz de 100.000 hombres dobles que lo sentían todo uno. Se reunió con cardenales, teólogos, obispos, vaticanistas… «El cardenal Lorscheicher me dijo que no éramos fugitivos, sino pioneros».

Y, siempre allí, Emilia. Delante de cada cura casado hay una mujer. O a su lado. A Emilia Robles le tiraba el hecho religioso, la Teología, el profesorado, la mediación… Y en ese afán lleva una vida dándose de bruces con normas de Iglesia que le chirrían el Evangelio. Desde 2002 coordina Proconcil, una iniciativa en favor de un nuevo concilio en la Iglesia católica. «Promovemos la mediación y el diálogo para que la Iglesia se renueve y sirva mejor a la misión de trabajar por la paz y la justicia desde la perspectiva del Evangelio».

Julio la mira y sus canas parecen un revoltijo de hormonas adolescentes con Dios de por medio. Milagro en Mercadona.

El celibato opcional, la mujer y la Iglesia

‘Una riqueza’. Las organizaciones de curas casados defienden que el celibato opcional es una «riqueza» y no una blasfemia. «Es una riqueza para bien del Evangelio, para las comunidades, para el ecumenismo y el camino con otras iglesias y para los propios sacerdotes. El celibato sólo tendrá sentido cuando sea libre». Igualdad de género. Estos colectivos piensan que «la aceptación del cura casado facilita el camino para la aceptación previa de la mujer en la Iglesia», y reivindican un papel igualitario por género en la estructura eclesial. La Federación Internacional de Curas Casados habla una renovación de la Iglesia ligada a «la justicia, la paz, la mujer, el Tercer Mundo y la ecología».

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