Carta de un cura a su obispo. Joaquím Cervera

Curas casados2

Fuente: Moceop

Barcelona
13 octubre de 2014
Estimado/a
He pensado en escribirte para hacerte llegar un conjunto de reflexiones y decisiones sobre mi futuro.
Perdona si lo hago por escrito, ya que así me explico mejor y creo que el tema lo exige, lo cual no impide que podamos tratarlo de nuevo personalmente.
Lo primero que quiero expresar es que llevo mucho tiempo con el deseo de jubilarme de mis responsabilidades pastorales antes de los 75 años (edad oficialmente estipulada para los sacerdotes). En un principio pensé en hacerlo a los 65 años, que cumpliré el 27 de noviembre de 2015, pero a causa de la segunda cuestión, que te comentaré más adelante, he pensado que era mejor adelantar la jubilación a este mes de octubre de 2014. Por lo cual mi voluntad es dejar mi responsabilidad como párroco de Santa María del Gornal a partir del 12 de octubre da 2014.

Te expongo las razones que, desde hace tiempo, me han llevado a plantearme la jubilación antes de los 75 años:

1. Pienso que los sacerdotes, al igual que cualquier otro ciudadano o ciudadana, tenemos ese derecho.

2. Las limitaciones propias de la edad nos empujan a dejar las tareas de responsabilidad. Además noto un cierto cansancio, el paso de los años…Por supuesto, tampoco tengo la misma energía y capacidad creativa e innovadora de hace algunos años.

3. A mi humilde parecer, creo que no es bueno acumular tareas y responsabilidades a medida que nos vamos haciendo mayores. Ya no tenemos la misma visión y eficacia, y además es bueno dejar paso a las nuevas generaciones y sobre todo a los laicos. Veo más inconvenientes que ventajas en el hecho de dar más responsabilidades a los sacerdotes a medida que pasan los años.

4. Desde el Concilio Vaticano II, corroborado por el Concilio de la Tarraconense, se contempla como muy positiva la responsabilidad compartida en equipo entre sacerdotes, religiosos/as y laicos/as. Por ello, creo que es conveniente que los sacerdotes y, con más razón, a medida que nos vamos haciendo mayores, dejemos paso a laicos/as de mediana edad y a otros más jóvenes para que vayan adquiriendo responsabilidad en las parroquias, como ya ocurre en los movimientos de acción católica y de los cuales hay ejemplos en muchas parroquias. Dejar tareas para que otros puedan actuar. Si no se hace así se sigue “ocultando” la necesidad de afrontar seriamente los cambios en la forma de funcionar y de organizarse las comunidades cristianas.

5. Me parece bien que algunos sacerdotes reduzcamos nuestras actividades y nos concentremos en un menor número de tareas, más adecuadas a nuestra situación de mayores, tales como: formación,apoyo, acompañamiento, animación personal…

Así pues, pienso que tengo que ir “desapareciendo” en las responsabilidades para dar lugar a un modelo eclesial más de equipo, laico y comunitario y, por tanto, menos clerical.

Tampoco estoy en contra de la posibilidad de que existan distintas formas de servicio ministerial dentro de la comunidad cristiana. No solo creo que podrían ejercer este servicio hombres y mujeres, casados y solteros, sino también que algunos se comprometieran para toda la vida y otros solo temporalmente. La combinación entre la vocación, tiempo de dedicación y servicio que se lleva a cabo no tiene porque ser igual para todos.

Una de las reflexiones que yo me hacía antes de la ordenación (1976) era la de que los sacerdotes deberíamos “normalizar” al máximo nuestra vida y me puse en marcha para conseguirlo. Para mí, en aquel entonces, ( y la reflexión sigue
vigente aún)“normalizar” la vida de sacerdote suponía hacerlo en tres aspectos: el laboral, el ciudadano y el de relación de pareja. Personalizando y aplicando la reflexión, entonces pensé que era una tarea difícil para un sacerdote “normalizar” los tres aspectos.

En cuanto al aspecto laboral, a pesar de que en mi generación admirábamos a los “curas obreros” y considerábamos que su opción era necesaria para acercar el testimonio de Cristo al mundo obrero, yo no lo veía igual para mí. Creí que en mi caso se concretaba en la dedicación al estudio, al análisis e investigación y a la docencia. Esto lo he intentado a través de la sociología, aunque dedicada a la ayuda a la pastoral en la que yo me he realizado. Quizás tendría que haber desempeñado un trabajo más independiente de la iglesia, que me habría evitado sentir un vínculo que me condicionaba demasiado. De hecho los sacerdotes recibimos dinero de la gente y que debemos revertir al pueblo, en forma de servicio a través de nuestro trabajo y/o del servicio voluntario para la construcción social.

La dimensión ciudadana es la que desde entonces tuve más clara y que, tras largas reflexiones, debates y dejandome aconsejar por distintas personas, me llevó a implicarme primero en la asociación de vecinos de Clot-Camp de l’Arpa, barrio donde viví mi aprendizaje de cura y donde me ordené de diácono y sacerdote. Más adelante me decidí, no sin dudarlo bastante, por el PSUC que ha continuado en ICV. Para mí ésa era una forma de sentirme “ ciudadano normal” comprometido con las capas populares y obreras, pese a que ello suponía perder la neutralidad socio-política que se suele pedir a los sacerdotes con la idea, que yo juzgo poco acertada, de que el sacerdote debe ser neutral.

La dimensión de pareja la descarté, ya que me parecía que mi energía podía muy bien quedar concentada en estos dos aspectos que ya he comentado:
el laboral (relativamente) y el ciudadano. Como es normal, he tenido amistades masculinas y femeninas y de todas he aprendido, lo cual agradezco. Las femeninas, en especial, han contribuido a humanizarme, a hacer que expresara mejor mis sentimientos, a hacerme más comunicativo, a quitarme los miedos, a ser más realista, a aceptar que muchas veces más que ayudar debemos dejar que nos ayuden.. Tambien me han enseñado a madurar y, por encima de todo, a sentirme querido y acompañado. Las posibilidades que he tenido de continuar una amistad femenina y avanzar hacia la vida de pareja las he rechazado por voluntad propia, quedando todo en una pura amistad o relación esporádica y convencional. Yo no contaba con que alguna de esas relaciones fuese madurando hasta llevarnos a algo más profundo, pero hace 14 años conocí (mejor dicho reencontré) a Mercè Basté, hija de unos amigos de juventud de mis padres. Me fui sintiendo bien con ella (opciones de vida parecidas, tareas pastorales comunes, forma de pensar y aficiones similares..)

Nos encontramos en el CEP (Centro de estudios pastorales) en 1998 y a partir de 2000 en la parroquia de Gornal, de donde he sido párroco durante 22 años. Esta amistad me ayuda a centrarme en las tareas parroquiales, a canalizar mi afectividad, a no culpabilizarme tanto, a aumentar mi autoestima. Con ella comparto pensamientos, reflexiones y también el trabajo pastoral. Es una compañía asidua que se hace cotidiana, en la que nos contamos y valoramos lo que hemos hecho durante el dia. Es lo que yo necesitaba y ahora me doy cuenta del beneficio que eso supone. Creo que he encontrado a la compañera ideal. Ella me inspira nuevas ideas e iniciativas, me ayuda en la organización práctica, con lo que creo que ha mejorado la marcha de la parroquia. También me lleva a ser más realista y a relacionarme más con la gente, así como a trabajar mejor en equipo. En ella tambien he encontrado a alguien que hace lo que yo no sé hacer. Todo ello ha sido en beneficio de la parroquia, de la fundación de la Vinya de acción social de Bellvitge y Gornal, del CEP, el ACO, etc.

Para mí no ha sido fácil ver el tipo de relación que debía tener con Mercè. Despues de ejercicios en la vida ordinaria y otros durante años, de las reflexiones durante la convalescencia de la próstata (2008), de escribir el libro “Iglesia, madre y cruz” (del 2008 al 2010), de conversaciones con amigos, con un psicólogo y debido al trato prudente, respetuoso y también pedagógico de Mercè, al fin considero que no deseo de ninguna forma dejar esta relación (es lo mejor que me ha pasado en estos últimos años). Veo que es compatible la relación con ella y el hecho de seguir siendo sacerdote. El sentimiento de liberación humana y psicológica que experimento es el que me hace sentir bien y considero que es obra de Dios, tanto este sentimiento como el amor que nos profesamos. Vivo la fe más como un camino, que está por encima de las normas, que como un directorio moral.

Hace algunos años pasé por una época difícil, debido a los problemas en la diócesis de Barcelona, en la voluntad de tener una Iglesia menos clerical, más al lado de los necesitados y en el deseo una auténtica renovación, lo que me llevó a una fuerte desafección hacia el aparato eclesiástico que me impulsó a actitudes críticas y a situaciones insostenibles. Una vez pasada esta “tormenta
interior” es cuando he creído que podía tomar decisiones sobre mi futuro como persona, como cristiano y como sacerdote.

No me veía con ánimo de tomar ninguna decisión mientras pasaba por esas etapas alteradas, llenas de dudas. Ha llegado el momento en que me siento más sereno y con seguridad para dar un paso adelante hacia una relación estable de hombre casado con Mercè. Por fin, depués de las dudas, he visto que es compatible estar casado y seguir siendo sacerdote, y ahora estoy convencido de ello. Las reflexiones, la plegaria, la lectura del evangelio, las conversaciones con mis amigos más íntimos y, en especial, cuando se lo comenté a mi padre, al acompañarlo en su enfermedad final.El me dijo que lo había hablado con mi madre (ya fallecida en ese momento) y que ambos aprobaban nuestra relación. Todo ello me ha ayudado para llegar a esta decisión. Así es, que he llegado a “normalizarme” tambien en esta tercera dimensión por lo que quiero compartirlo con vosotros. Por todo ello, Mercè y yo hemos decidido casarnos y yo me voy a jubilar.

El 12 de octubre de 2014 (en el encuentro anual del movimiento) he dejado mi responsabilidad como consiliario de la ACO. Mi deseo sería dejar las responsabilidades pastorales pero poder continuar como sacerdote en los servicios que la diócesis dispusiera para mí. Sé que, según el actual ordenamiento jurídico y las normas de disciplina eclesiástica eso no es posible.
De todas formas, sabemos que los curas anglicanos casados son acogidos en la iglesia católica y pueden seguir ejerciendo como sacerdotes. Los sacerdotes católicos de rito ortodoxo se casan y algunos curas casados, concretamente en la antigua Checoslovaquia si no me equivoco, han sido aceptados como tales por la iglesia católica.

A menudo me pregunto: ¿sería posible que se me aceptase dentro de alguno de esos ritos, de esas “excepciones”?. Es decir, ¿sería posible que me casase y continuase de cura llevando a cabo un servicio legitimado y público con los grupos que estuviesen de acuerdo y que el obispado y yo creyesemos conveniente. Podría ser en sesiones de formación, charlas y articulos, animando y acompañando grupos, pudiendo administrar los sacramentos, pero no de párroco en una parroquia ni con responsabilidades en movimientos o instituciones eclesiales?.

De esta forma es como se lo he planteado al Sr. Cardenal, quien no ve posible que yo entre en un régimen especial de “cura casado” como los anglicanos o los de rito oriental. Me recomendó que primero comunicara mi decisión a la parroquia y después iniciara los trámites para obtener la dispensa.

El sábado 4 de octubre se lo comuniqué al Consejo pastoral de la parroquia del Gornal y al dia siguiente, domingo, lo anuncié en la misa de 12. Se estableció un diálogo tras mi intervención, hubo palabras de apoyo, muy acertadas, y se aludió a la história de la ley del celibato. Algo parecido ha ocurrido con todos los grupos, personas y consejos pastorales con los que he hablado. Lo más frecuente han sido las felicitaciones, el respeto a mi decisión y el deseo de que seamos felices. Por todas partes he encontrado agradecimiento por mi valentía, sinceridad y confianza que dicen haber aprendido de mí y de Mercè, al compartir la fe, el trabajo en equipo y la forma de coordinar y animar a la comunidad. Varias personas, con gran madurez en el seguimiento de Cristo, se han referido a la centralidad del amor y la libertad que está por encima de las leyes, piensan que es un déficit de la iglesia católica el hecho de no ordenar a los casados y a las mujeres.

En el consejo pastoral de Gornal se comentó que esta decisión que hemos tomado los dos supone una oportunidad para trabajar todos con más responsabilidad y que habrá que avanzar en la responsabilidad compartida.
Como es lógico, también algunas personas al felicitarme expresaron un sentimiento agridulce. Se alegraban por mí y por Mercè pero sentían que yo dejara de ser sacerdote.

Da que pensar al ver la madurez de las personas sobre esta cuestión y como aceptarían perfectamente que hubiese curas casados y no-casados, según su libre elección. También es notable el sentido de pertenencia y de afecto hacia la iglesia y el grado de implicación en la marcha co-responsable de la comunidad. Hay una distancia lamentable entre esta madurez de la iglesia del pueblo y gran parte de nuestra jerarquía eclesiástica.

Soy consciente, respeto y comprendo que habrá personas que ante mi decisión se puedan sentir decepcionadas, defraudadas o sentir que he sido infiel a un compromiso tomado libremente y a todo un itinerario de servicio a la comunidad cristiana. Precisamente esta cuestión ha sido una de las más dificiles para mí a la hora de decidirme. Como toda decisión, la mia es subjetiva, personal, limitada e intransferible, creo que está muy meditada y madurada. Supone un cambio importante en mi vida que, creo y espero, ha de salir bien y que los dos, Mercè y yo, nos aportaremos amor, compañía y felicidad.

Pienso, como ya he dicho, seguir sirviendo en lo que pueda a la comunidad y a los pequeños grupos cristianos, así como a nuestro pueblo, teniendo una mirada y una acogida especial para los más necesitados.

Todo lo que penseis y querais decirme sobre lo que os estoy comentando, será bien acogido y reflexionado.

No hace mucho, cuando le preguntaron a la lider de la asamblea nacional de Cataluña, Carme Forcadell, sobre lo que haría cuando el proceso en el que está involucrada hubiese terminado, dijo que lo que quería era vivir una vida “normal”. Hoy en dia se habla mucho y se trabaja por un país normal y por el derecho a decidir que tenemos los catalanes. Más de una vez he pensado en este proceso mío que se relaciona con el de mi país, que el derecho a decidir empieza también por uno mismo y ahora siento que lo estoy ejerciendo con total libertad y paz.

Todo este proceso de cambio, decisión y normalización comporta un conjunto de cambios prácticos que he contemplado:

1 Será necesario encontrar una solución para la parroquia del Gornal. En mi opinión es que, siendo una agrupación parroquial Bellvitge-Gornal, las tareas pastorales, muchas de ellas ya orientadas y animadas por equipos de laicos y laicas que lo están haciendo muy bien, podrían seguir de la misma forma. Otras tareas necesitarían la ayuda del equipo de sacerdotes de Bellvitge’que estarían dispuestos a retomar la comunidad de Gornal, tal como ellos mismos me han expresado. Mn. Casimir tambien está de acuerdo y el pasado septiembre ya ya nos reunimos para planificarlo. Esta es mi opinión y la del equipo de sacerdotes de Bellvitge lo que no impide que el Sr. Cardenal busque otras soluciones que le parezcan más acertadas.

2 Sea cual sea el camino a seguir, para mí es importante seguir sirviendo a la iglesia de Barcelona en lo que crea conveniente.

3 En cuanto a mi presencia en los grupos, en algunos de ellos cambiará el “rol”, en otros no y ya se irá viendo

4 Quiero meditar y ver en que tareas quiero continuar y de que forma, y también disfrutar de la jubilación. Tengo ganas de dedicar tiempo a escribir y a otras actividades que iré descubriendo, así como a trabajar por un país más justo, en acciones y entidades en las que hace tiempo ya estoy implicado y en iniciar otras nuevas.

Quedo a vuestra disposición. Agradezco la amistad y todo lo que he recibido de cada uno de vosotros/as y quiero seguir correspondiendo en lo que me pidais. Cuento con vosotros/as y espero que conteis conmigo en lo que necesiteis.

Mi móvil es el 695333883. Mi correo electrónico es: quimcervera@gmail.com
Mi dirección: Plaça Alfons el Savi,7 4º1ª 08025 Barcelona

Gracias por todo y un fuerte abrazo de Quim Cervera

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