DOMINGO DE RESURRECCIÓN. Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

Resurrección3
Fuente : El Blog de Juan Cejudo

La resurrección de Jesús no es un hecho histórico, físicamente comprobable. Nadie vio a Jesús resucitando. Nadie podría haberle “fotografiado”. Así lo defienden hoy muchos teólogos actuales. Lo que no quiere decir que no sea cierto que Jesús resucitó.

Jesús resucitó. Pero a veces se explica la resurrección de un modo un tanto infantil.

Ciertamente Jesús resucita. No sabemos cómo ni de qué manera. Pero es cierto que triunfa sobre la muerte y así lo creemos. Lo creyeron y sobre todo lo experimentaron fuertemente sus discípulos. Antes incrédulos, desunidos, desanimados…ahora, experimentan que Jesús no está en el sepulcro y primero por el testimonio de las mujeres, la Magdalena, María, Salomé , de Pedro y de Juan se sienten sacudidos en su interior, transformados. Luego, tendrán el testimonio directo de Jesús resucitado que les acompañará y le hará encender sus corazones, como el de aquellos caminantes de Emaús: “¿No es cierto que nuestros corazones ardían cuando nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?”

Aquellos discípulos de estar desunidos pasarán a estar unidos, de estar apagados y desanimados, a estar transformados. Ahora ven que aquel Jesús, despreciado por las autoridades políticas y religiosas por haberse enfrentado a ellas y condenado a muerte como un malhechor, Dios lo ha resucitado. Aquel que se rodeaba de pobres, enfermos, tullidos, prostitutas para decirles que el Reino de Dios era de ellos.

Les contagia de ilusión, de ánimo y les da fuerza para salir a todos sitios anunciando que Jesús ha resucitado y que debemos construir ese Reino que Él anunció de paz, Fraternidad, justicia… Valores como la solidaridad, la sencillez, la preferencia por los más desfavorecidos, la verdad, la coherencia de vida, la honestidad…

Este mensaje lo vivimos también quienes, con todas nuestras incoherencias y fallos, queremos seguir el camino de Jesús. Él nos da fuerza para transformar la vida, para transformar el mundo, para luchar con todas nuestras fuerzas por esos mismos valores que Él vivió.

Hoy que parece que las fuerzas del mal dominan por todos lados, imponiendo un capitalismo salvaje donde sólo se busca el dinero, la ambición del poder, que destruye a las personas, a la naturaleza, que deja sin trabajo, sin vivienda y a veces hasta sin la misma vida a centenares, millones de personas en todo el mundo, el mensaje del Evangelio suena con fuerza: RESUCITÓ. La muerte ha sido vencida. Y si Él pudo, nosotros, también.

Son muchísimos los gestos, los colectivos, las personas que encontramos en el mundo y cerca de nosotros viviendo con fuerza este mensaje de Esperanza, de lucha contra la injusticia, de gente viviendo la entrega y la solidaridad con los más desfavorecidos.

En esos grupos, colectivos y personas yo descubro la fuerza de Jesús resucitado y la fuerza del Espíritu que está intentando vencer a las fuerzas del mal.

En nuestro país: esas plataformas anti desahucios que luchan para que nadie pueda quedar en la calle porque unos bancos sin escrúpulos se los quieran quitar a gente que no puede pagar unas hipotecas con clausulas leoninas, injustas.

Esas marchas de la dignidad que canalizan a centenares de miles de personas desde todos los puntos de España para reclamar en Madrid pan, techo, trabajo y dignidad. Esos encierros prolongados de trabajadores -como los exdelphi-que piden incansablemente justicia y dignidad.

Esas mareas ciudadanas de muchos colores, como la blanca de sanidad, que consiguió parar la privatización de unos hospitales de gente que pretendía negociar con la salud de las personas. Plataformas ciudadanas en muchos sitios que luchan por causas muy justas: que no se le corte a nadie la luz ni el agua por no poder pagarlas porque son bienes imprescindibles para la vida, o porque no especulen con aparcamientos privados en lugares que son públicos, por los que luchan contra la lacra de las drogas, los que luchan a favor de los inmigrantes, parados, personas mayores que no pueden ser atendidos en residencias públicas y que se les ofrece a las entidades privadas para que negocien con ellas…

Asambleas populares de indignados del 15M que en muchas plazas de España siguen reuniéndose para organizar la lucha ciudadana en muchos frentes necesarios.

Colectivos que trabajan día a día junto a los sin techo exigiendo a las autoridades mayor atención y lugares para ellos donde puedan ser atendidos como personas….Colectivos que dan desayunos y comidas para niños y adultos que no tienen dónde comer…

También por esos nuevos grupos de partidos políticos y movimientos sociales que quieren
luchar por entrar en los ayuntamientos con un estilo nuevo de hacer política, con unos códigos éticos y unas líneas de trabajo de mucha mayor participación y transparencia para, desde ahí, trabajar por objetivos mucho más sociales, donde se dé respuesta a los verdaderos problemas de los sectores más desfavorecidos de la sociedad… Igual, a nivel de autonomía o del Estado. Ahí también veo yo la fuerza del resucitado, la fuerza del Espíritu. Porque son colectivos, grupos y personas que están luchando por transformar este mundo injusto en un mundo más humano donde las personas sean lo primero y no que los primero sean los intereses de las grandes multinacionales y las grandes entidades financieras

Tantos y tantos colectivos…

También veo a Jesús resucitado en todos esos teólogos, grupos, comunidades cristianas de base, parroquias populares, religiosos y religiosas que mantienen una actitud crítica ante muchas cosas de nuestra Iglesia oficial, aunque ésto les suponga ser marginados o sancionados y buscan siempre la referencia del Evangelio de Jesús que estuvo enfrentado al poder y en el polo opuesto al dinero y al prestigio y los privilegios mundanos porque Él estuvo con los más pobres y marginados de su tiempo para aliviarle en el dolor.

Son muchísimos los colectivos cristianos que conozco ( no tendría espacio para enumerarlos a todos) empeñados en esa fidelidad evangélica. Ahí está también la fuerza de Jesús resucitado.

Y, también así lo siento, este buen papa Francisco, con sus gestos evangélicos, su austeridad de vida, su sencillez, su cercanía a los pobres- como los sin techo del Vaticano-y su valentía para afrontar complicados asuntos de gobierno, como la transparencia de las cuentas del Vaticano o la reforma de la curia entre otros, también está siendo referencia importante- con sus limitaciones-de la fuerza de la Resurrección.

Todo ésto es en lo que yo creo. Así vivo yo el mensaje de la Pascua hoy. Un mensaje que los cristianos debemos intentar contagiar y llevar allá donde nos relacionamos y vivimos: familia, vecinos, amigos, colectivos sociales, comunidades cristianas…

Jesús superó la muerte. También nosotros podemos, debemos, luchar todo lo posible por intentar vencer al mal.

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